El cyborg me amenazó, me vio con sus ojos llenos de ira, me apunta con su brazo del cual sale un proyectil que se dirigía justo hacia mí. Lo logro esquivar pero cuando el cohete dio en el suelo, la onda expansiva de la explosión me empuja muchos metros al aire. Estando allí, me di cuenta que el individuo saltó muy alto para rematarme pero mis reflejos me hicieron escudar con la espada antes de que el tipo me diera un puñetazo. Cayendo los dos, le doy una patada en la cara, lo que hace el cyborg aterrizara de cabeza, empuño mi espada otra vez y le doy en el brazo metálico. Como respuesta, de su ojo me lanza un rayo y un dolor enorme recorre mi cuerpo entero.
Llegamos por efecto de la gravedad como peso muerto, nuestros ataques fueron devastadores. Tenemos el mismo nivel de pelea. Él es tan fuerte como yo. Nos ponemos de pie totalmente destrozados a continuar la pelea, pero veo que comienza hacerse invisible y se desvanece en el aire. Al parecer, las energías mágicas de esta dimensión impiden que él esté por mucho tiempo.
Vino Íngridir, mi bella elfa y me comunica que no tiene ningún vínculo con él, ya que ellos habían desaparecido hace mucho. Era la oportunidad de confesarle todo a mi elfa, era ahora o nunca.
Llegamos por efecto de la gravedad como peso muerto, nuestros ataques fueron devastadores. Tenemos el mismo nivel de pelea. Él es tan fuerte como yo. Nos ponemos de pie totalmente destrozados a continuar la pelea, pero veo que comienza hacerse invisible y se desvanece en el aire. Al parecer, las energías mágicas de esta dimensión impiden que él esté por mucho tiempo.
Vino Íngridir, mi bella elfa y me comunica que no tiene ningún vínculo con él, ya que ellos habían desaparecido hace mucho. Era la oportunidad de confesarle todo a mi elfa, era ahora o nunca.
—Cristóbal despierta, te tienes que ir al colegio ¡Vamos! ¡Levántate!—
—¡Sí! ¡Me levanto!—
Ha llegado el día de días. Probablemente el más emocionante de mi vida. Me siento a la mesa, como el pan tostado y tenía sabor a adrenalina. Estaba muy ansioso, tanto que podía extirparme los nervios y freírlos con ajito y cebolla. Hoy mi confesión será inevitable y no habrá ninguna clase de pretextos para no hacerlo. Hoy es el gran día.
—¡Chau mamá!—
—¡Chao Cristóbal, cuídate!— me dice
Abro la puerta hacia el mundo, me despejo de mis pensamientos y ahora sólo vivo. Camino por las calles y todo tambalea, miro arriba hacia las nubes y el sol y ellos me desean buena suerte. Por mi camino he aprendido muchas cosas sobre fuerza de voluntad. Ahora es cuando aplicaré todo esto. Subo al bus y todos los pasajeros se convierten en mi barra.
De reojo veo sus caras de aburrimiento, sus ganas de esperanza, mutilados por la rutina. Pero cuando mi energía mental se proyecta, los ideales vuelven a florecer y ellos se transforman en mis admiradores por la gran hazaña que estoy a punto de hacer: confesar que se ama a alguien y directo a los ojos.
Jamás me sentido tan héroe en mi vida. El día cuando me junté con ella para prepararnos por la disertación, me clavó una estalactita de hielo y me atravesó el corazón, sin saber que yo soy a quien busca. Lo que ella no supo, es que al horadar mi alma empezó a brotar de ella un sentimiento intenso de valor, de coraje y de querer hacer las cosas con optimismo y empuje. Aunque no puedo negar que también siento un miedo inmenso, pero por lo menos le diré lo que tenía aguantado decirle.
Llego al colegio, nos formamos, pero ella no está. Busco otra vez en el mar de estudiantes pero no. Partimos la clase pero está ausente. Me empiezo a impacientar porque hoy era el día y no me importaba si tenía que ir a su casa para decírselo. Pasan los recreos y clases hasta que se termina la jornada.
—¡Muy bien chicos! Nos vemos el lunes…— dice el profesor.
—¡Oye Cristóbal! ¿Quieres venir a mi casa? ¡Ah sí la Naty quiere hablar contigo!—
—No socio, no puedo, de verdad, tengo un asunto pendiente muy importante… Sabes a lo que me refiero— le digo.
—Te deseo toda la suerte del mundo, te quiero amigo— me da un abrazo y le respondo con varias palmadas en la espalda.
Voy al paradero y veo que el sol que se esconde. Me brinda sus últimas energías para decir de todo corazón que amo a Ingrid. En una tarde arrebolada ya las estrellas comienzan a asomarse guiadas por la Luna con un fulgor incipiente. Tomo el bus y me dirijo a casa donde Thor comienza a saltar para que le acaricie. Me pongo de rodillas y le rasco su panza, me reincorporo y me imagino a mí mismo como el más grande héroe de acción de todos. Creo que somos muchos los que les tenemos miedo al fracaso quizá por eso nunca tomamos la iniciativa.
No entendemos señales indirectas, pero tampoco nos gustan las señales obvias. Hago ésto porque no doy más. Soy un espadachín de doble espada, soy un gran experto en la guerra pero más que eso ¡Soy un joven enamorado y soñador!
Llego al computador, prendo la pantalla, espero un mundo y por fin está todo listo. Veo el MSN y ahí se encuentra mi elfa. Quiero confesarme pero mirándola a los ojos. Me doy cuenta de que no podrá ser hoy… y repentinamente…
No entendemos señales indirectas, pero tampoco nos gustan las señales obvias. Hago ésto porque no doy más. Soy un espadachín de doble espada, soy un gran experto en la guerra pero más que eso ¡Soy un joven enamorado y soñador!
Llego al computador, prendo la pantalla, espero un mundo y por fin está todo listo. Veo el MSN y ahí se encuentra mi elfa. Quiero confesarme pero mirándola a los ojos. Me doy cuenta de que no podrá ser hoy… y repentinamente…
—Cristóbal... mi espadachín, mi héroe—
—¡Hola mi elfita! ¿Cómo estás Ingrid?—
—Yo bien… ¿y tú? Hoy he faltado a clases. Te he estado esperando desde la mañana. Es que no puedo dejar de pensar en ti—
—¿Faltaste a clases? ¿Tienes fiebre eh linda? Jeje— le miento en tono de broma.
—Cristóbal. No aguanto más. Me muero por conocerte. Eres el compendio de todo lo que he estado buscando en un hombre. Eres el príncipe con el que siempre soñé. Me gustaría compartir momentos juntos a ti, estar a tu lado, oír tu voz, mirar tus ojos, sentir tus abrazos. No quiero ser impertinente Cristóbal, pero te siento como mi otra mitad. Que nunca debimos nacer tan lejos y que por este medio sé de ti… de otra forma te hubiese encontrado con mapa y brújula… sé que te parezco ridícula ¿Cómo te puedes enamorar de alguien que está al otro lado de la pantalla? Pero así es… el amor no tiene fronteras, pero tú sabes… me parece que este mundo quiere mantenernos alejados, yo en el norte… tú en el sur y cuando hablo contigo siento que estoy realmente junto a ti. Me encuentro conmigo misma al estar delante tuyo. Independientemente de Last Journey… esto no es un juego para nada. Por favor Cristóbal, no quiero que dejemos de ser amigos por ésto… por favor no me dejes solita, me siento vacía. Conozcámonos… necesito conocerte, saber de ti, verte—
—Ingrid… sí… yo también pienso lo mismo… justamente te iba a dar una sorpresa, que he conseguido pasajes para Iquique—le miento—Yo también quiero conocerte… espero que estés ahí ¿Estarás? El lunes llegaré a la ciudad, me muero por decirte muchas cosas elfita—
—¡Está bien! Sería genial que nos juntásemos en la Plaza Arturo Prat, a la seis de la tarde… nos juntaremos el día después de pasado mañana. Cristóbal quiero estar contigo no sabes cuánto. ¿Por qué nunca muestras una foto tuya?—
—No… quiero que me conozcas en persona, de seguro te llevarías una decepción— le digo porque se encontraría con su compañero de clases.
—¿Por qué? No te entiendo… como sea, estaré el lunes… llevaré un chalequito azul para que me distingas entre la gente—
Irónicamente, quien se confesó primero fue ella. Iba a ser yo pero cedió ella. El lunes sabrá quien soy realmente ¿Cómo se lo tomará cuando se lo diga? Apago el computador y me voy a tomar el té.
—¡Mamá! ¿Dónde está la mantequilla?—
—En el refri…— suena el timbre.
—¡Cristóbal, ve a ver quien es!—
Camino, abro la puerta y veo que es Naty, la chica más rara del universo. Llevaba una boina y una faldita rosa. En su mochila había millones de parches de animés y grupos musicales japoneses. En su polera había un esqueleto sangriento con ojos de fuego enamorado y sentado en una luna menguante. La veo directamente… pero ella queda mirando sus manos.
—¡Hola Naty! ¡¿Tú?!— echo a largar una risa —¿Qué haces aquí? ¿Cómo llegaste a mi casa?—
—¡Cristóbal! ¡Hola!… mira yo sólo te venía a avisar eso de que nosotros fueramos al cine. Puedes invitar a quien sea. A Luis si quieres— con una cara extremadamente seria.
—¡Jajaja! No te preocupes… ¿y por qué me invitaste?— cierro la puerta casi por completo.
—¿No te acuerdas Cristóbal? Fuimos compañeros en kindergarten… yo siempre te prestaba mis juguetes y te limpiaba cuando te derramabas el yogur encima. ¿No te acuerdas?—
—No, no me acuerdo. Lo siento. ¿De verdad?—sonrío— ¿O me estás jugando una broma?—
—No Cristóbal… no es ninguna broma. Si así piensas me da pena. De verdad, no es ninguna broma—me devuelve una mirada fría.
—¿De verdad?—carcajeo– No, no te reconozco, disculpa, en serio Natalia, discúlpame. Pero es que han pasado tantos años y de verdad… no recuerdo nada, pero absolutamente nada— entonces veo que extrae ella de su mochila un dibujo y me lo pasa.
Lo veo y era un dibujo de un infante de cinco años, me percato de que hay dos niños tomados de las manos y atrás una casa con una chimenea de la cual un humo redondeado salía. Más abajo en una letra bien disparatada salían nuestros nombres “Cristóbal y Natalia”. En la esquina superior derecha veo la fecha y la firma de la parvularia. Entonces vinieron a mi mente escasos recuerdos.
—¿Natalia? ¿Eras tú? ¿Pero por qué no me habías dicho desde el primer día? Es muy poco lo que recuerdo de ti, incluso olvidé tu nombre—
—Es que quería ver si te acordaste de mí. Yo extraño cuando jugábamos juntos y te busqué por Internet. Supe que mi vecino es tu amigo y no dejé pasar la oportunidad—observándome fijamente y luego desvía la mirada con una sonrisa.
—¡Discúlpame! ¡En serio! ¡Cuántos años! ¿Quieres pasar? ¡Ven a tomar el té! ¡Por fis! Le diré a mi mamá quien eres—
—No gracias Cristóbal, solo te iba avisar para que no se te olvidara. Bueno chau— se despide con un beso en la mejilla— y… devuélveme el dibujo—me lo arrebata.
—¡Chau Naty! ¡Cuídate!—
Tomé el té y llamé a Luis para que jugáramos Play Station. Hoy ha sido un día genial, al parecer me reencontré con una vieja amiga. Pero no la reconocí y la verdad es que recuerdo muy poco de ella. Solo me acuerdo que su mamá le dio una paliza delante de mí. Natalia…
El lunes será un gran día. Voy a ir con todo lo que he aprendido. Porque no solo basta con tener los conocimientos. Sin coraje, éstos son inútiles porque nunca serán aplicados. Pero yo estoy decidido. Mi vida es una gran aventura.

No hay comentarios:
Publicar un comentario