Ella me mira fijamente, me abraza y dentro de mi corazón estalla lo que nunca antes había sentido. ¿Cómo decirle la verdad? Yo no procedo de ningún linaje, la verdad es que soy un simple alfarero que tuvo que tomar las armas para luchar contra la oscuridad.
Me toma de la mano y siento que mi sangre toma una calidez impresionante, la miro bañada por el sol de ocaso y en mi mente se me ocurren las palabras precisas y necesarias. Pero no encuentro el valor necesario para decirle todo lo que yo siento. Hasta que finalmente le confieso todo…
Me toma de la mano y siento que mi sangre toma una calidez impresionante, la miro bañada por el sol de ocaso y en mi mente se me ocurren las palabras precisas y necesarias. Pero no encuentro el valor necesario para decirle todo lo que yo siento. Hasta que finalmente le confieso todo…
No puedo creer lo que estoy viendo y oyendo. Debe ser una especie de ilusión óptica. ¿Por qué la profesora más terrible de todas está tan gentil ahora? ¿Se ganó la lotería? ¿Aplacó sus sentimientos de querer asesinar niños? ¿Qué le pasa?
—¡Chicos! ¡Vamos! ¡Los quiero ver con más ganas! Solo nos quedan dos ejercicios… recuerden lo que les enseñé. ¡Hay que ser más animosos!—
—¿Qué le paso?—le pregunto a Luis.
—¿Habrá tenido una noche de entretención?—me devuelve con una mirada en doble sentido.
—A ver Ingrid, ¡Eso es! ¡Ese es el resultado! Muy bien…—
Se la paseaba de allá por acá como una quinceañera, no parecía ella. De verdad pensaba que era una clase de broma para cámara escondida. Entonces despide la clase.
—Niños… nos vemos mañana martes, ¡que tengan un muy buen inicio de semana!— nos dice con alegría.
Nos arreglamos, cada uno pone las cosas en la mochila y cada uno se dirige a su casa, ya aliviados de un día escolar. Veo a Ingrid muy nerviosa, casi tanto como yo. Sólo que yo la disimulaba muy bien, pero era evidente la tensión y las ansias en los ojitos de la elfita. Faltaban tres horas para las seis de la tarde y no aguantaba más. Bajo las escaleras y veo a Felipe conversando con la renovada profesora de matemáticas, no sé específicamente de qué hablaban pero se veían muy felices. Salgo a la calle y veo también montones de estudiantes que toman el bus para dirigirse a sus hogares. Camino y camino, llego al paradero y me subo al bus. Veo las calles, casas, edificios.
Llego a la puerta de mi casa donde toco el timbre y de inmediato Thor comienza a ladrar como loco, me abre mi mamá y le miento diciéndole que me juntaré con Luis. Me saco la ropa-cárcel, me ducho y al sentir las gotas acribillando mi cara me imagino como será la reacción de Ingrid. Me visto con mi mejor ropa, espero las horas jugando Play Station, hasta que ha llegado el momento. Me cepillo los dientes, me pongo perfume, no tanto y salgo de mi castillo.
Al ir en el bus, reestructuro mil y un discursos posibles con los que confesaré quien realmente es Chrisbert. Entonces me bajo, camino y la miro. Comienza a ver para todas partes en busca del espadachín que conoció en Last Journey. Era una tarde muy linda, ideal como para hablar tranquilamente. Voy andando directo hacia a ella pero me alcanza a ver.
—¡Hola! ¿Qué haces aquí?— extrañada me dice.
—Hola Ingrid, yo busco a alguien… ¿y tú que haces aquí?—
—Espero a un amigo… ¡viene desde Curicó! Cruzó más de 1600 kilómetros… ¿increíble no?—
—¿Es mi idea, o ese chico juega a Last Journey y se… llama… igual que yo?— le pregunto y mis nervios se manifiestan en mis mejillas.
—¡Sí! ¡Oh sí! Em… ¡¿Cómo lo sabes?! ¿Tú eres amigo de…?—
—No Ingrid… no… no soy su amigo. Chrisbert no es de Curicó. Ese chico con el que juegas Last Journey soy yo. No es ninguna broma, acordamos juntarnos acá. Yo soy ese chico. Te mentí —
—¡¿QUÉ?! Me estás bromeando… tiene que ser una broma ésto —
—No es ninguna broma. Nunca nos hablamos en la sala de clases. Un día descubrí que jugabas eso y yo me di cuenta de que eras mi compañera de clases. Desde el primer día en que te conocí intenté hablar contigo pero tú me dejabas de lado o simplemente me dabas un discurso indiferente para alejarme. Nunca, nunca, pensé que esto iba a terminar así… es que, desde que llegué al colegio tú has despertado mi curiosidad— y siento un pavor vomitivo.
—¡¿Por qué me hiciste esto Cristóbal?! ¿Por qué? ¿Crees que yo no tengo sentimientos? ¡Tú me caías muy bien! ¡Tú eras mi!… … … otra mitad. ¿Por qué lo hiciste Cristóbal?—
—Porque era la única posibilidad de conversar contigo y que compartamos un poco de lo nuestro. Tú me encantas Ingrid. Por favor… no reacciones así… me siento muy mal. No quiero verte así. Tú querías conocer a alguien especial y aquí lo tienes.—
—¡¡Pero sí yo ya sé quien eres!!—
—¡NO INGRID, NO! ¡No me conoces para nada! Quizá sepas de mí por nuestras divertidas tardes y noches en el MSN… pero tú nunca has querido conocerme. En mis descripciones escritas jamás te he mentido… salvo con lo de Curicó. No quería que supieras que soy de Iquique y menos tu compañero… porque te quiero mi elfa. ¡Te quiero mi elfita y no quiero dejarte por nada de este mundo real, en el que es tan difícil encontrar a alguien con que realmente te sientes tú mismo! Te quiero Ingrid…— empiezo a lagrimear mientras veo su rostro de desilusión.
—Disculpa, no me siento muy bien, debo irme— y se va cabizbaja.
—¡Ingrid! ¡Ingrid!... Ingrid…—
No quise perseguirla, así que me fui por mi lado. Una lágrima rueda por mi mejilla, llega a mis labios, la pruebo y tenía un gusto amargo que justo calzaba con este momento.
Llego a mi casa, cansado, triste y decepcionado. Pero también con algo de alivio al contarle mi secreto a Ingrid. Me siento en el sofá y comienzo a cambiar los canales hasta dar con algo que me podría gustar. No resulta desconcentrarme así que apago la tele y me recuesto en la cama, recordando todo lo que pasó desde el principio hasta el final. Ni siquiera vi el computador. Me acosté temprano y tuve un sueño profundo.
—¡Cristóbal! ¡Despierta! ¡Vamos al colegio!—
—No, hoy no quiero… me duele el estómago… no quiero—le miento.
—Cristóbal… ve al colegio ahora ya—
—¡No! ¡Me duele!—
—Está bien… pero mañana irás—
Me quedo en la cama pensando en mí mismo. Estaba muerto en vida, ni siquiera sabía quien era yo. No parecía que todo esto era real… mas una broma de muy mal gusto. ¿Era realmente yo quien discutió con ella? Miro mi pieza, ahí unos papeles, en ellos dibujados la elfa y el espadachín. ¿Quiénes son ellos? Entonces cuando recuerdo el rostro de Ingrid, todo vuelve a la realidad. La gravedad vuelve al planeta y reconozco quien soy yo: un chico de corazón roto. Duermo otra vez y despierto. El almuerzo era como cenizas en mi boca y el jugo era como beber arena, el día ya no era claro y su sol irradiaba oscuridad y temor. Pasan milenios y en realidad son horas. Era el fin del mundo. Lo bueno es que cuando uno se acaba, un nuevo mundo aparece. Eso espero.
Suena mi celular.
—¿Aló? ¿Cristóbal?—
—Hola Lucho… ¿Qué tal?—
—Hoy no fuiste a clases, Ingrid tampoco ¿Qué paso hermano?—
—Nada… no estoy de ánimos, eso—
—Ven a mi casa ¡Vamos a pasar las penas! ¡Vamos!—
—No quiero de verdad… por fa…—
—Compré papas fritas y bebida… ¡Vamos hombre!—
—Está bien… allá voy—
Como no tenía nada que hacer fui allá. Una vez en su casa jugamos y comimos, intentaba animarme pero solo me hacía sacar sonrisas instantáneas.
—Socio ¿Por qué esa cara?—
—No, no pasa nada— finjo una sonrisa.
—Em… sé que lo te falta—y de su cajón saca dos revistas pornográficas— úsalas todo lo que quieras pero no las arrugues—
—Gracias—y las pongo debajo de su cama sin que se diera cuenta.
—¡Mira lo que tengo aquí! Una carta de Lucy—
—¿Quién es Lucy?—pregunto como tonto.
—La chica de España—
—Genial… ¿Cuándo viene?—
—Ella vendrá a visitarme en cinco meses—
—Está rico este sándwich—le digo.
—Sí, sí lo está. Oye ¿Me estás prestando atención?—
—¡Sí! ¡Sí! — la verdad es que no estaba ni ahí con él ni con Lucy.
—Hermano… ¡Vamos! ¡Ánimo!—me da un palmazo en la espalda.
Tomamos la once juntos, me presta casi todos sus videojuegos (incluso los más valiosos), camino por las calles ya está casi oscuro. Voy pensando en el día de ayer… en volver a hablarle ¡Eso es! Entonces la llamo por celular y no contesta. Me subo al bus, e intento llamarla otra vez pero mi resultado es cero. No quiere hablarme.
Me bajo del transporte y camino la cuadra para llegar a mi casa, ya casi todo está oscuro excepto por el brillo de las estrellas, de las casas y ese halo naranja que sale de la ciudad. Mi casa está justo ahí, mis pies están hechos de plomo…
—¡Cristóbal!—
—¿Ingrid? ¿Qué haces aquí?—
—Cristóbal… te quiero pedir disculpas por lo de ayer, de verdad, ¡qué cobarde fui al huir de ti!, lo siento, yo lo…-- y su voz se distorsiona por la tristeza.
—Elfita…—me acerco—yo soy Chrisbert… ese tipo soy yo, escúchame, no quería decírtelo porque… porque te quiero. Te quiero mucho… yo… te— y mis lágrimas salieron como cascadas y me quedo mudo.
Entonces ella me abraza y se aferra a mi pecho.
—Cristóbal… yo también te quiero mucho. Yo... ... caballerito lindo ¿Quieres ser mi gran amigo?—y me mira con sus ojitos verdes.
—Sí, Ingrid. Quiero ser tu amigo —y la abracé como nunca antes había abrazado a alguien.
—Seamos grandes amigos— me da un beso en la mejilla y me toma de la mano.
—¿Quieres pasar a tomar un té?—
—Sí. Cuéntame de ti... yo vine a verte, al principio estaba... ... —
Cuando sientes que aquella persona, tu otra mitad está junto a ti, percibes un mundo diferente, colorido y bello. Misteriosamente todo vuelve a renacer y uno se queda maravillado por cuantas tristezas, muertes y otras calamidades que tiene este mundo.
Podemos decir que no lo necesitamos, que no tenemos tiempo para eso, que no es nuestra prioridad. Que matamos el tiempo haciendo otras cosas, que es cursi, que nos deja en ridículo o nos muestra como seres débiles ante otros potenciales agresores. Pero la verdad es bien distinta. Cuando el amor toma las riendas, este mundo se vuelve un lugar mejor.
Se vuelve un nuevo mundo.
Ahora villano. Mañana héroe.

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