2 de marzo de 2011

Capítulo 5: Sólo compañeros

El Cyborg parecía decidido; o dejo de ser el compañero de esa elfa o vendrá a mi dimensión a destrozarme con todos sus aliados. Por suerte, yo tengo al caballero de brillante armadura: Sir Lewis, quien antes era un un ladrón, ahora es la persona con más caballerosidad que he conocido. Tampoco olvido a mi maestro, el Mago Grunwald, siempre me guía con su sabiduría y él aprende también de sus discípulos, un hombre humilde y de gran corazón.

Por último, mi bella elfa: Íngridir, la arquera más espectacular que he visto… creo que mi equipo está listo. Puedo hacerle frente a lo que sea, que vengan huracanes, tifones y otras inclemencias... ¡que vengan! ¡Yo puedo contra lo que sea!


El día miércoles ha llegado. El día donde yo iba a sellar mi destino… era ahora o nunca. Por fin había llegado aquel esperado día en el cual yo rompería el hielo entre Ingrid y yo, para así ponerle un “vivieron felices para siempre” en esta historia. Contando los segundos para salir de la última clase, la de matemáticas, con la dictadora de las ecuaciones: Lorena.

—¡Chicos! ¡Solo dos ejercicios más! ¡Vamos que la prueba es dentro de una semana y va a ser de todo lo que hemos visto en el semestre!— y suena el timbre para que nos vayamos a casa.

—¡Uh! Por fin salimos de esta tortura—le digo a Luis.

—Otro cálculo más y voy a tener una hemorragia cerebral de tanto pensar en estos malditos números—

—¡Señorita profesora! Ya han tocado el timbre, deberíamos irnos—

—¡No no no! ¡¡No!! No vamos a dejar estos ejercicios a la mitad—todo el mundo comienza a reclamar --¿A ver? Alumnos… ¿Qué es esa actitud? Voy a incluir otro ejercicio más en la pizarra y quien reclame o se vaya, le daré una anotación negativa, punto y final—

—¡Ah! Mis nervios están a punto de romperse— menciono entre dientes mientras miro la hora en el celular.

—¡Me voy Cristóbal! No aguanto más… que te diviertas con el problema—

—¡¿Qué?!—


El chico-hentai, se levanta de su puesto, comienza a ordenar su mochila, guarda su capa y se arregla el uniforme.


—¡Señor Luis! ¿Dónde va usted?—

—Pues a la casa ¿adónde más?—

—¡Siéntese y haga los ejercicios! ¡Usted no manda acá!—

—Usted no tiene derecho a alzarme la voz, es sólo mi profesora como usted misma lo dice. Disculpe, pero me voy. Tengo una disertación—

—Tendrá tiempo para hacer su disertación Señor Luis, ahora simplemente haga esos ejercicios y se va—

—¿El tiempo que me está robando usted en horas extra?—

—¡No sea insolente joven! ¡Esto quedará fichado en el Libro de Clases! ¡Se lo advierto! ¡No ponga a prueba mi paciencia!—y Luis ignorando a la profesora se fue.


De pronto me siento poseído por el mismo demonio y no sé porqué, pero yo también comienzo a ordenar mis cosas, a guardar los libros, la capa, el recipiente del almuerzo, todo en mi mochila, me arreglo el uniforme y también me voy.

—¡Señor Cristóbal! ¡Usted está anotado! ¡Vuelva acá inmediatamente! Voy a hablar con su profesor jefe—

—¡Chicos! ¡Salgamos todos! Pierden el tiempo con esta aspirante a profesora, no tienen nada que hacer aquí— les vocifero a todos mis otros compañeros que estaban sentados.


Poco a poco, todos se van levantando entre medio del escándalo de la profesora hasta que se fueron todos. Nadie la podía soportar. Estoy muy seguro de que este tema se tocará en la Dirección, en las Reuniones de Apoderados y en nuestro Consejo de Curso. Todos nos fuimos.

De camino al paradero oigo esa voz angelical que me llamaba.

—¡Cristóbal! ¡Hola!—

—¡Hola Ingrid!—con una sonrisa.

—Entonces hoy día nos juntamos en mi casa. Te sabes la dirección, en todo caso si necesitas algo, puedo guiarte—

—Sí claro… tú también te fuiste de la clase ¡Ja ja ja!—

—La verdad es que ya no soportaba a esa bruja, me tenía aplastada. Otro segundo más y la demando por ser aburrida afuera del margen de la ley—

—¡Ja ja ja! Ilegalmente aburrida…—

—¡Je je! Bueno te espero— y me da un beso de despedida.

—Chau Ingrid—digo con una sonrisa gigantesca.


¡Un beso! ¡Me dio un besito! ¡Que gran día va a ser éste! ¡Estoy ansioso por saber que lo que pasa! Voy a estar en su casa, me va a presentar a sus padres, o sea, mis futuros suegritos. Voy a mi casa, me arreglo con mi mejor ropa, me paso el peine más de mil veces, me pongo la mejor colonia y voy como todo un galán a su casa. Que ilusiones tengo… me hacen sentir muy bien y espero que no se desvanezcan.

Me despido de mi mamá diciendo que vuelvo en una hora y media o más, ella me da una palmada en el trasero “para la buena suerte”. Tomo el bus y en el trayecto a su casa me imagino el futuro. Ella podría ser una buena novia, que me trate con cariño, que compartamos juntos buenos momentos.

¡¡Llegó el momento!! Me bajo del bus, en mi mente hay un caos y mis piernas están algo paralizadas aunque igual camino por la calle. A ver ¿Será este el número de la casa? Veo en el papelito… sí, éste es el número y me quedo unos tres segundos pensando. Toco el timbre.


—¡Hola! ¿Cristóbal?— me pregunta su mamá.

—Sí… soy Cristóbal…--

—¡Adelante! ¡Pasa! Ingrid está en el computador, pasa a su pieza— subo las escaleras y llego a su pieza y toco la puerta—

—¡¿Sí?!—

—Soy yo… Cristóbal, vengo por nuestra disertación—

—¡Oh! ¡Pasa!—

—Hola…— nos saludamos con un beso.

—Hola, disculpa que mi pieza esté hecha un desastre—

—¡Ah! ¡Ja ja! Mira traje la cartulina ya hecha—

—¡Oh qué bueno! Me va a venir visitar un amigo después, es mejor hacerlo todo rápido—

—Sí tienes razón— le digo mientras mi mundo de ilusiones se derrumba. ¿Qué amigo será?

—Mira… como yo te dije en la clase, yo quiero empezar y terminamos contigo. Yo hablaré primero, la daré la introducción y tú luego sigues con las causas del maltrato infantil. Entre los dos decimos como se puede solucionar y tú cierras. A ver practiquemos— dice Ingrid con un tono de comandante.


No hubo cercanía, no hubo afecto. Solo distancia e indiferencia. Me sentí muy mal ¿Ella era Ingrid? ¿La elfa que yo había conocido?


—¡Chicos vengan a tomar el té!— dice la mamá.


Llego y había una mesa perfectamente adornada, su mamá arregló con pinzas la mesa. Lo único que resaltaba eran las tazas de té… eran gigantescas, podrían servir como tinas de baño.

—Cuéntame ¿cómo te va en el colegio?— me pregunta su mamá.

—Es el mejor en la clase de historia, le va muy bien—dice Ingrid.

—Me va bien en el colegio. Sólo que me cuesta algo matemáticas, la profesora es muy pesada, no me gusta— remojando la bolsa de té.

—¿O no Cristóbal? Esa vieja pesada es más malvada que empujar a una abuelita a las vías del tren. Me carga esa vieja… la odio mucho—

—¿Por qué? ¿Es muy pesada?— lanza su mamá que tiene los mismos ojitos que su hija.

—¿Muy? O sea, es hediondamente pesada—

—¿Ahora hacen una disertación para matemáticas?—

—No. Es para inglés, con el Profesor Felipe—

—¡Ja ja ja! Es muy buena onda Felipe, me gustó que les haya tocado a él como profesor jefe. Él se comprometió a ayudarlos a todos a ingresar en la educación superior. ¿Ustedes se conocen mucho?— echando un poco de palta al pan.

—No, no. Yo conozco a Luis solamente. Sabes que estoy con él desde kindergarten. O sea muy chica—

—Es mi amigo. Es bien desordenado siempre lo paso retando—digo interrumpiendo un poquito a Ingrid.

—¿De veras? Yo juraba que eras igual a él—

—¡Ja ja ja! No, no, no, te equivocas. Soy muy ordenado—menciono con una sonrisa amplia.

—Sí. En la anterior Reunión de Apoderados, Felipe empezó a decir las cualidades de cada uno de los alumnos. A ti Cristóbal ¡te tiró flores! ¡Dijo varias cosas buenas de ti! Que eras creativo, inteligente, amistoso y buen compañero— me alaba la mamá de Ingrid.

—Que bueno que me tocó con Cristóbal, ahora veo que es el compañero más ordenado que ha trabajado conmigo—


Terminamos de tomar el té, luego subimos otra vez a volver a estudiar y repasar los puntos de la disertación, hasta que nos dimos cuenta de que ya estábamos listos. Sentía que me iría con más penas que glorias a la casa.

Necesitaba hacer algo, para que por lo menos Ingrid tuviera una buena impresión de mí. Estaba desesperado, así que hice lo primero que se me ocurrió. Alcancé ver un CD de un videojuego que me gusta mucho.


—¿Oye te gusta el Zombie Karnage?— le pregunto.

—¡Sí! ¡Es muy bueno ese juego!—

—¿Me lo puedes prestar? Lo que pasa es que a mí se me perdió— le miento con una cara de ansioso.

—¡Claro! ¡Llévatelo! ¡Ja ja!—

—Bueno me voy… mañana nos vemos—

—Mañana nos vemos, disculpa, es que un amigo está por venir—

—¡Ja ja! No te preocupes—

—Chao, cuídate—y me da un frío beso en la mejilla.


Me voy del castillo de la princesa y mis sueños se hacen trisas. Yo me esperaba algo más, que no me tratara tan fríamente. Siento como si hubiese clavado una estalactita de hielo en mi corazón. Mientras tomo el bus directo a mi casa para llorar restregándome la almohada, me imagino mil canciones de desamor. Porque mi historia con Ingrid llegó a su fin.

Toco el timbre de mi casa y abre mi mamá. Thor como siempre me espera ansioso para que yo le acaricie la cabeza y le sobe el lomo. Cosas que no recibió por mi desilusión extrema.


—Ay hijito… ¿Por qué tienes esa cara?—

—Estudié mucho, estoy cansado—mientras que Thor se esfuerza para que yo le dé un cariño.

—Pobrecito ¿Quieres que te prepare algo?—

—No nada gracias ¡Ja ja!—con una sonrisa bien fingida.


Me voy directo a mi habitación y hundo mi cabeza en la almohada. Me empiezo a desahogar ahí, a soltar todas mis lágrimas, que eran gotas de melancolía líquida de alto octanaje para el motor de este mundo triste que gira y gira locamente.

—¿Qué hice mal? ¿Qué sucedió?—me pregunto a mí mismo.


Pero recordé un libro que me pasó el Profesor Felipe y motivado por la tristeza y una débil luz de esperanza lo comienzo a leer. Empiezo a pasar la vista por las letras y palabras, hasta que doy con una frase que me llegó.

Hay que trabajar duro para alcanzar nuestros sueños. No te frustres si algo te sale mal. No hay verdadera derrota hasta que te des por vencido”

¿Dónde quedó el caballero que yo llevo en mi interior? Ese espadachín veloz, valiente, audaz, inteligente y leal. Entonces recobro las suficientes fuerzas y me meto al computador, e inicio sesión en Last Journey para desahogarme.

Para mi sorpresa Ingrid se encontraba en el juego y antes de que yo la saludara, me saluda a mí primero.


—¡Hola Chrisbert! ¡Te estaba esperando! Contaba los segundos para hablar contigo… de verdad… eres como el cielo, tan bello…—

—¡Hola! Tú también eres como el cielo… eres inalcanzable—le escribo.

—Estaba preparando una disertación con un compañero. Tiene tu mismo nombre. Menos mal que me ha tocado con él—

—¿Por qué?—

—Porque es ordenado e inteligente—

—Me estoy poniendo celoso ¡Je je!—le tecleo rápidamente.

—¡No! ¡Tú eres único! Eres el chico más genial que he conocido… si te tuviera delante de mí, te daría un abrazo gigantesco—

—Yo también te daría un abrazo y no te soltaría jamás—

—Como me gustaría tenerte a mi lado…— me escribía la elfa.


Si Ingrid supiera que estuve con ella. ¿Debo contarle que soy yo? ¿Sería lo más apropiado? ¿Cómo se lo tomaría ella? ¿Por qué soy tan preguntón? Quizá ahora no podré contestar esas preguntas, pero las responderé conforme pasen los días. Mi corazón está hecho verdaderamente una bomba de tiempo. Juego con ella a batallar para olvidar lo indiferente y lo distanciado que me sentí, para recordar que es esa misma persona la que dice que soy el hombre más dulce del mundo.

He ganado experiencia, no en Last Journey, sino que en la vida real. Los libros de autoayuda pueden ser de mucha utilidad. Es difícil para la gente que tiene mente cerrada e imposible para la gente que tiene el corazón así. Pero somos la suma de nuestros propios pensamientos, de nuestras propias creencias y convicciones.

Hay que ser positivos y soñar, porque esta vida que es la única que tenemos... aunque este mundo que sea una vorágine de amargura. Hoy aprendí algo muy valioso. Que no tengo que dejar con facilidad mis sueños, hay que ser obstinado con lo que más se desea. Si la vida me da un puntapié, que yo sea el que dé la dirección. ¡Hacia delante! ¡A alegrarse! Vivimos para ser felices.

No hay comentarios:

Publicar un comentario