1 de marzo de 2011

Interludio: Felipe


Por fin salgo del colegio. Lo único que quiero hacer es revisar las pruebas y ver un programa bien interesante sobre el universo. Voy escuchando mi MP3 hasta que finalmente llego a mi casa donde convivo con mis padres. Toco el timbre y abre la puerta mi papá.


    —¡Hola!—le doy un beso en la frente.

    —¡Hola mi hijo! ¿Cómo te fue?— me abraza.

    —Sí… bien… tengo que revisar unas pruebas, lo hago de inmediato. Luego de eso vemos el programa—

    —¡Hola! ¿Tomaste el té allá?— mi mamá.

    —Hola… no, no tuve tiempo. Ahora mismo me hago el té y un par de huevos fritos. Tengo hambre—


    Pongo la radio a casi todo el volumen, hago mover la aguja en el dial hasta que doy con algo de ritmo. Saco la sartén y echo a freír los huevos, estoy contento y por eso me echo un bailecito.
   

    —¡Qué locos! ¡Qué tontos! ¡Somos tú y yo! Estando con otros y amándonos—comienzo a cantar y de pronto me doy cuenta que mi mamá me estaba espiando.

    —¡Jajaja! ¡Sigue! ¡Sigue cantando! ¡Me gusta verte así!—

    —Se terminó el show, por los menos págame si te gusta verme así—


Me gusta bailar pero en la cocina. Me gusta cantar pero en la ducha. Odio cuando me ven y me hacen burlas por ello. Siempre ha sido así desde niño y la situación no ha cambiado mucho. Cuando presenté a mi primera novia, la familia entera estalló en risas y alegría, mientras ella me tomaba por el brazo intentaba esconder mi propia cara.

    Mi vida solía ser divertida, me reía mucho… me gustaba ir a clases, pasarla bien con mis compañeros de curso. Cómo extraño esos bellos momentos, de verdad todo tiempo pasado fue mejor. Ahora vivo casi siempre aburrido, sin nada que hacer. Mi gran consuelo hasta ahora es ver programas en la tele y dar clases. Eso me libera. Le voy a pedir a mi papá que vayamos a pescar, creo que es una linda actividad.


    —¡¡Te llama tu prima de Argentina!!—

    —¡Oh no! ¡Por la cresta!  …y yo que pensaba que iba a tener unas lindas vacaciones. No puedo creerlo. ¿y a que viene a hacer aquí Romina?—

    —Pues a visitarnos ¿A qué más? ¿A calentar el asiento?—

    —Oh no… OK, ya contesto el teléfono ¿Aló? —

    —¿Hola?—

    —¿Qué tal Romi? ¿Cómo te va?—

    —¡Primito lindo! ¡Hola nene! ¡y bien! ¿y vos? ¿Cómo te ha ido? Contame— me decía con una voz bien aguda.

    —Sí, bien, bien. Algo aburrido por la rutina, ya sabes, pero estoy bien, tengo un buen sueldo. Sí, estoy bien—

    —Che ¿y por qué estás tan serio? La tía me contó que te la pasás encerrado en tu casa. Cuando llegue allá vamos a ir a varios boliches ¿eh?—

    —Jajaja sí, está bien. Pero es que no me divier…—

    —¡Qué aburrido que sos! Dale Feli… si querés podemos invitar a tus antiguos amigos. No los ves hace mucho—

    —Es que ya tengo vida nueva Romi… bue, me estoy haciendo el té. Cuídate. Nos vemos—

    —¡Esperá! ¡Esperá! ¡Llevaré unos amigos! Te quiero presentar una chica, tu papá me dijo que no tenías novia. ¡Qué mal! ¡No te preocupés! Yo te conseguiré una. Ellos se quedarán en otra parte… Felipe, quiero que salgamos todos juntos, vení con nosotros, te la pasás en la tele o el computador…—

    —No te preocupes… oye, la tetera está hirviendo, me voy, cuídate. Te quiero mucho—

    —Yo también te quiero mucho… cuidate, un beso—


    Mis antiguos amigos. Nos lo veo hace muchísimo tiempo, solíamos juntarnos todos en una casa. Luego a jugar y claro a comer varias cositas. Extraño aquellos tiempos. Ahora estoy dominado por la rutina: me peino con el gel, me afeito, me pongo mis zapatos, el chalequito, la capa, comienzo a enseñar, veo como ellos ríen y empiezo a añorar mis momentos. Era genial todo eso. Cambio la radio y doy con una canción de Bon Jovi.


    —¡Si mis lágrimas fueron en vano! ¡Si al final yo te amé demasiado como yo! ¡Como yoooooooooooo! ¡Nadieee….!  ¡LOS HUEVOS! ¡MIÉRCALE!—


    Empezó a salir un aroma a cenizas de los huevos, rescaté lo poco bueno que quedaba y los puse en un recipiente. La sartén quedó hecha un desastre, estaba bien negra, parecía alquitrán. Más encima me quemo la mano porque agarré mal el mango. Caliento el agua en la tetera y me hago un té, me relaja… podría tener mi propio templo acá. Un pan con huevo y un tesito. Después comienzo a ver con mi papá un programa del universo, me fascino cuando veo estas cosas. Si tan sólo pudiera irme de viaje a las estrellas. Me siento muy atado a este mundo. Creo que mi papá tiene razón, debo conseguirme una novia. Así que mi prima me traerá una chica, no estoy tan mal… no estoy tan solo. Lo que pasa es que… mi horario de trabajo, no me lo permite y… ¡no! ¿Mi prima cree que soy un ermitaño? ¡Me las va a pagar! Es que es muy bueno Last Journey, si ella lo jugara, quedaría colgada de inmediato. Además… le tengo miedo al amor. ¿Qué pasa? What is love? Baby don’t hurt me! Don’t hurt me, no more! ¿Pero saben? Este mundo tiene la culpa… yo no… yo… yo… ¡Yo sé que es así! No, en realidad soy un completo ignorante. Nunca doy el segundo paso, quizá esto viene de muchos años atrás. En mi adolescencia.


    Mañana será un buen día, después de clases voy a jugar fútbol con mis alumnos, decidimos pedir prestada una cancha y jugar ahí. Es bueno que hagamos esto. ¡Les voy a demostrar de qué está hecho su profe! ¡JOJOJO!

     ¡Bien! ¡Last Journey! Entonces juego unas dos horas… tres horas… cuatro horas… qué bueno este juego… cinco horas… ¡Oh no! ¡Son las una de la mañaña! ¡Las pruebas! ¡Maldición! ¡Las tengo que revisar!

    El mismo día, después de diez horas.

    —¡Oiga profe! ¿Tiene las pruebas o no?—

    —¡Profesor! ¡Entregue las pruebas!—

    —Chicos, hoy no les voy a entregar las pruebas. Lo que pasa es que… estuve corrigiendo otras y la verdad no pude. Pero mañana se las tengo revisadas— lo digo y unos me pifian.

    —¡¡¿Con quién pasó la noche profe?!!—pregunta Luis y todos se ríen.


    Con nadie mocoso… con nadie.


    —Luis, tú te irás al arco. Por irrespetarme, créeme que te vamos a dejar loco a golazos—  entre risas.


    Pasan las horas, jugamos el partido de fútbol. Me dieron un pelotazo en la cara por cierto, pero lo bueno es que anoté dos goles. Sigo teniendo la misma vitalidad del chico genial que fui. Mi equipo ganó, pasan las horas y llego a mi casa. Entonces alguien me llama por celular.


    —¿Aló? ¿Lorena?—

    —Hola Felipe… qué bueno que estás. Necesito que nos juntemos. Tú eres el único a quien puedo contarle todo—

    —¿Pasa algo malo?—

    —Aquí te explico, en el colegio…—

    —Está bien, voy allá— corto la llamada— ¡Mamá! ¡Voy a ir al colegio! Dejé mi chaqueta allá—

    —¡Bueno! ¡Cuídate!—


    ¿Qué le pasará a ella? Antes era muy alegre, hace cuatro años que la conozco, pero desde que se casó y convirtió en profesora, su genio pasó a ser maldito. Me parece increíble como cambia la gente. Tomo el bus, camino hasta encontrarme con ella afuera del colegio.


    —Lorena… estás llorando ¿Qué pasa? ¿Ocurrió algo?—

    —No ha ocurrido nada. Es que yo… necesito ayuda—




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